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Etopeya y Prosopografìa (Antonio Rivas)

On 30 mayo, 2016 by lmurciego

Guía para escritores Nuevos Parte VI.
Etopeya y Prosopografìa.

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ETOPEYA Y PROSOPOGRAFÍA DE UN AMIGO
(Ya sabéis, Etopeya es describir los rasgos éticos y morales de una persona y Prosopografía describir al personaje, sus rasgos físicos, estatura, corpulencia, facciones, etcétera…)

Él era un sujeto que presumía en toda su pureza dogmática de caballerosidad pero todo era simple fachada, siempre tomaba para sí todo aquello que no era suyo, para él nunca fue vil el metal acuñado y le importaba un pepino que el cobrarlo y la rapidez con que de sus manos salía produjera el desprecio de todo hijo de vecino bien nacido, para él la Iglesia era una broma pesada y en las relaciones de hombre y mujer no había más ley que la anarquía, si no hubiera infierno sólo para él habría que fabricar uno a fin de que purgase en él sus constantes burlas de la moral y de la decencia, aunque después de todo no era totalmente malo, en él había de todo, una combinación monstruosa de cualidades buenas y defectos horribles, tenía dos conciencias, una muy pura y noble para ciertas cosas y otra como un lodazal que usaba según los casos, se las ponía como si fueran camisas, la conciencia negra y sucia la empleaba para cuanto el dinero y las mujeres se refiere.

Él en todas partes dejó triste memoria y no respetó nada el muy cretino, ni la virtud, ni la paz doméstica, ni la religión, ni la amistad, ni el compañerismo. Tenía un rostro planetario, esférico, achatado por los polos y ensanchado por el ecuador, un vientre enorme que debía contener 345 metros de intestino, unas piernas más bien cortas que largas y un mostacho más bien largo que corto entre amarillo y marfil deslucido, parecía como si le hubieren criado con leche de elefante, su aspecto era tal que el de un representante de ultramarinos, tenía el pájaro menos glamur que un murciélago vestido de gitana, era de los hombres que con tal de tener dinero, traicionan, mienten, se envilecen, venden a un amigo, a un camarada, a un hermano, y con las mujeres era un verdadero misógino, al mismo tiempo que las deseaba y se aprovechaba de su hermosura, pensaba que eran seres innobles, torcidos, impuros, torpes, indiscretos, impúdicos y soberbios.

Él pertenecía a la raza de gordos blanduchos llenos de grasa por todas partes, en sus múltiples barbillas, en la bolsa de los ojos, en las muñecas, en el pecho, en el estómago y en su imponente panza, le gustaba, como se ha dicho, quedarse con todo aquello que no fuera suyo aunque le hiciera tanto daño a su cuerpo como a su alma, pero eso sí, él era muy ocurrente y chistoso, un día te contó que se le había ocurrido una idea y que si tú querías participar haríais grandes negocios; se trataba de ir por los bares y cafés y recoger todos los posos del café, triturarlos con una moulinex industrial de forma tan fina que luego los podíais vender en las perfumerías como polvos de talco para los negros. Por supuesto el negocio no llegó a fraguar porque a los 51 años se marchó a las calderas de Pedro Botero. Estaría escrito en el Libro de la Vida… Seguramente no hizo nada para que el autor del Libro modificara en algo lo previamente escrito porque tal vez sabía que nunca estaría dispuesto a modificar su conducta. Aun así, todavía te recuerdo, amigo…

Antonio Rivas
15 febrero 2016

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