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La crítica literaria (Antonio Rivas)

On 30 junio, 2016 by lmurciego

 


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Guía para escritores nuevos.
LA CRÍTICA LITERARIA

La literatura es una de las siete artes clásicas. Tiene varias maneras de expresarse, ya que hay diversos géneros literarios. La obra literaria tiene planteamientos o formatos diversos: novela, poesía, teatro, ensayo… y una gran variedad de subgéneros. Los temas o estilos de cada obra son decisiones del autor, quien expresa sus inquietudes en su acción creadora. La obra literaria tiene un hilo conductor, un esquema general que puede traducirse en el planteamiento, nudo y desenlace. De alguna manera, toda la creación literaria tiene un esquema semejante. Pensemos en un poemario, un conjunto de poemas que forman un libro. El poeta presenta un tema o varios a lo largo de sus poesías (sería el planteamiento). Por otra parte, profundiza en ellos con todo el despliegue de recursos (sería el nudo) y finalmente aspira a comunicar algo (el desenlace).

Independientemente del esquema de la obra, el autor crea un mundo a través de ella. Ese mundo puede tener todo tipo de ingredientes. Uno de ellos es la belleza, ya que la literatura tiene como finalidad crear algo bello mediante las palabras. Otro componente son las ideas, es decir, el mensaje que se pretende comunicar. Belleza e ideas, van acompañados de un estilo, unos recursos técnicos, una atmósfera o una reflexión. No hay un modelo de obra literaria, cada una es única y es analizable desde los elementos que la definen. El concepto de obra literaria lo intenta encauzar el creador, pero hay una participación externa: el crítico literario. Esta figura también es un creador, aunque su peculiaridad consiste en que reflexiona sobre la obra de otros autores. La crítica es un género literario y una de sus características es determinar el valor de una obra.

La crítica literaria es una forma de creación y un subgénero de la literatura. Consiste en el análisis y valoración de una obra. Quien realiza esta actividad es un crítico literario y normalmente está especializado en algún género concreto (poesía, teatro o cualquier otro). Es una actividad tan antigua como la propia literatura y hay testimonios de ella que datan de la antigüedad clásica.

No hay un modelo único de crítica literaria. En ocasiones, el enfoque tiene un carácter metodológico y se estudia una obra desde un punto de vista técnico y analítico. Por el contrario, existe el enfoque más subjetivo, en el que un crítico da a conocer su opinión personal en relación con la creación literaria de un autor. La crítica literaria es realizada normalmente por alguien con una formación cualificada: un filólogo, un historiador de la literatura, un estudioso de algún ámbito del mundo literario o un periodista especializado. La función del crítico es profundizar en una obra. Se podría decir que el crítico literario es como un espectador cualificado que cuenta algo sobre lo que otros cuentan.

En relación con la valoración de una obra, vale la pena subrayar que todo crítico tiene una opinión pero no todas las opiniones son una crítica con validez literaria. Aún dando por sentado el hecho de que quien emite una apreciación es experto en lo que expresa, éste tiene la costumbre de emplear discursos que lingüísticamente son diferentes a los de uso corriente, razón por la que despiertan en sus lectores múltiples sentimientos. Se observa que muchos escritores no saben cómo reaccionar ante la crítica sincera de sus lectores. Mucho menos si estos lectores son especialistas o arquitectos de corrientes de opinión… como el denominado «crítico literario».

¿Cómo debe tomar la crítica el escritor? Pues bien: más allá de la cuestión formal de cómo pueda reaccionar un escritor frente a su crítico, es indudable que todo escritor pretende ser aceptado, además de escuchar lo bueno de su obra. El crítico, sin dudas, distinguirá, y no se cansará de insistir, entre lo que es literatura y lo que no, pues el crítico, además de poseer conocimientos amplios (y es lo que lo hace un experto), tiene también esa innata capacidad de ver más allá de la letra, de llegar hasta los infinitos límites de la palabra… y por qué no, de escarbar la huella misma del escritor. Quien realiza la lectura crítica de un texto advierte que está penetrando en el centro de un conjunto de signos prefigurados para otorgar tal o cual sentido; capta, también, que esa simbología contiene significados no explícitos, sentidos estos que pugnan por salir al afuera, que esperan expectantes que se los proyecte, de manera que se pueda cerrar el círculo del sentido último. Pero es necesario encontrarlos, saber buscarlos, aprender a hallar la señal desde la cual alzan la mano para asirse hacia fuera. Esta es la labor del crítico: cristalizar en palabras aquello que el escritor ha dejado tan abierto como oculto. El lector común, por ello, no alcanza a arribar a estas fronteras. Quizás esta sea la razón por la cual muchos escritores se atemorizan frente a la crítica de sus textos: en ellas son desnudados y, como a niños, se los puede descubrir en innumerables travesuras.

El crítico literario no busca explicar llanamente un texto… no porque sí, no por capricho, ni para ostentar lo que con el texto se puede forjar. El texto no se explica, es decir, no se fundamenta en sí mismo; el texto se descubre, línea a línea, se disfruta sin preguntas engorrosas, apenas con breves cómos, cuándos y porqués. No es necesario tampoco desmenuzar un texto para reencontrarse con sus significados; pero si el crítico lo prefiere, es porque sabe exactamente dónde colocar luego cada pieza. No interesa para este profesional lo que un texto dice sobre la superficie compartida, sino que lo moviliza la inquietud de rasgar el texto y mirar más allá, como un detrás del telón, por ejemplo. El crítico literario es un poco como la pimienta y la sal de la escritura, ya que con sus precisiones, sus disquisiciones, sus interrogantes, sus afirmativas y negativas despliegan la posibilidad de una lectura reflexiva y válida, sin límites de tiempos ni compartimentos estancos. Por otro lado, mantiene en vilo al escritor… alimentándolo, y enseña al lector… y posee el poder de desenmascarar. Pero al crítico no se lo perdona, y aunque creamos que el crítico goza de la libertad de expresarse, creo que, de hecho, no es así.

Existen algunas pautas generales que llevan a un lector crítico a detectar, aun sin ser experto, si un texto forma parte del arte literario o si es sólo producto de modas… Es hora de reconocer, de valorar y dar también el lugar que merece este tipo de profesionales… o ¿a alguien se le ocurrió instaurar el día del crítico literario? Y muchos continúan creyendo que decir «es bueno o es malo» es hacer crítica. Por el contrario, el crítico sólo dice lo que halla en un texto y determina si pertenece a la literatura gracias a sus claros conocimientos de largos años de estudio. El gusto por un texto lo decide el propio lector. Lo que sucede es que hay que enseñar a leer… y, en esto, el crítico sí tiene mucho que decir.

COMO ESCRIBIR UNA “CRÍTICA LITERARIA”

El hecho de leer un texto antes de escribir nuestras opiniones sobre él nos puede condicionar en gran manera. Y esos condicionantes pueden ser tales que anulen nuestra libertad creadora suprema de expresar sin ataduras lo que pensamos del mismo. Basta con hojearlo un momento y leer el primer párrafo, para poder dar una opinión certera y justificada sobre dicha obra. Y es que es de cajón. Si me pusiera a leer todas las obras de las que voy a escribir comentarios no tendría ni tiempo para hacer éstos. Una recomendación muy importante: hay que cerciorarse del tipo de texto sobre el que vamos a escribir. Es muy desagradable recibir algún comentario, más bien improperio, sobre una crítica acabada de publicar y que hemos hecho creyendo que es una novela y resulta que, por despiste, era un ensayo. Eso es algo muy importante que tenemos que tener en cuenta. Pero que no requiere tampoco mucho estudio para descubrirlo en un momento. Si tiene diálogos: novela. Si es todo seguido, sin diálogo ni puntos y aparte: ensayo. Si al autor se la va la mano con el “enter” en el ordenador, poesía. Si aparte de tener casi todas las páginas en blanco, en esa ojeada a la primera página no hay quien entienda nada: poesía contemporánea.

Si el autor sale con un cigarrillo en la mano y una estela de humo a su lado, el escritor es sin duda alguien con escritura pretenciosa y con altas aspiraciones estilísticas. No le importa morir joven con tal de tener una reseña en El País. Si la foto es pequeña y le muestra con mirada seria y cabizbajo, lo lógico es pensar en una educación autodidacta, habiendo nacido en un barrio de los arrabales de Madrid o Cuenca. Suele ser separado, con un niño o dos y con problemas para pasar la pensión alimentaria y que le toca desempeñar otros oficios menos agradables pero más lucrativos que la escritura para poder subsistir. Lo correcto es una foto en glorioso blanco y negro que recoja el busto del escritor con un ligero escorzo y seriedad en el rostro, lo que le da prestigio y empaque literario. Si no hay foto del autor en la obra, todo indica que se trata de un texto de poesía. En ambos casos lo importante es lo escrito, no el careto del autor, según parece, y esa imagen no va a ayudar a la difusión de la obra.

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