Las revoluciones de Galeano y Cardenal

Eduardo Galeano consideraba a Ernesto Cardenal como un hermano mayor. Se llevaban 20 años pero, aún así, el vínculo fraternal saltaba a la luz a partir de sus textos y la ideología combativa que bogaba por una Latinoamérica independiente y libre. El primero uruguayo y el segundo nicaragüense dedicaron sus letras y su accionar a la defensa de los derechos humanos y, especialmente, de los sectores más vulnerables.

Cada uno, a su manera, pero con la ferviente idea de que los derechos de los los campesinos, los “verdaderos terratenientes”, debían ser defendidos. Refiriéndose particularmente a Brasil, Galeano expresa en su libro “Las venas abiertas de América Latina”: <<El plan implica también un proyecto de colonización agraria (…): cada campesino recibirá diez hectáreas de superficie, si sobrevive a las fiebres tropicales de la floresta. (…) Sin capital, sin medios de trabajo, ¿qué significan diez hectáreas a dos o tres mil kilómetros de distancia de los centros de consumo?>>

Eduardo Galeano y Ernesto Cardenal / PAMA

Por su parte, Cardenal leyó y reinterpretó los evangelios desde la experiencia de los campesinos pobres de Solentiname. Y así habla de uno de ellos en este fragmento:
<<Cuando lo bauticé de 20 años en Solentiname
porque quería pasar de su protestantismo alienado de allí
a nuestro cristianismo revolucionario
no quiso tener un padrino y una madrina
todo el Club juvenil campesino fueron sus padrinos y madrinas.
Sobre todo su obsesión por la Revolución.>>


La comunidad campesina de Solentiname (creada por Cardenal en 1966) fue reducida a cenizas por las fuerzas del gobierno de aquel entonces en 1977.

Así, ambos escritores usan la palabra como arma frente a cualquier tipo de indicios de vulneración, para alcanzar sociedades más justas y menos impunes, para no perder elementos originales de nuestra propia identidad; en fin, una exploración constante en el lenguaje para reclamar lo que somos y lo que nos pertenece.

Compartimos un texto de Eduardo Galeano publicado en “El libro de los abrazos” en los que menciona a su hermano: Ernesto Cardenal.

Peca el que miente, dice Ernesto Cardenal, porque roba verdad a las palabras.
Allá por 1524, fray Bobadilla hizo una gran hoguera en la aldea de Managua y arrojó a las llamas los libros indígenas. Esos libros estaban hechos en piel de venado, en imágenes pintadas con dos colores: el rojo y el negro.
Hacía siglos que a Nicaragua la venían mintiendo, cuando el general Sandino eligió esos colores, sin saber que eran los colores de las cenizas de la memoria nacional.

Eduardo Galeano

(Resurrecciones/4)

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