Miguel Hernández: un pastor del rebaño literario del ´27

Miguel Hernández Gilabert nació en Orihuela, España, un 30 de octubre de 1910. Su padre, criador de ovejas, quiso que dedicara su vida al pastoreo rechazando una beca otorgada por el colegio de Santo Domingo de Orihuela para recibirse de bachiller. Sin ánimos de desobedecer la orden paterna, Miguel pasó sus días adolescentes cuidando del rebaño mientras leía sin descanso y comenzaba a esgrimir sus poemas. Es así que su formación fue enteramente autodidacta.

Dicen que su mayor aspiración era acceder a una máquina de escribir. A los 21 años la consigue y, con cada ida al monte, lleva al rebaño y una mochila en la que porta a quien será su compañera de letras de toda la vida: su maquinilla. En medio de atardeceres oriolanos compondrá los poemas que lo llevarán a transformarse en uno de los representantes de la Generación del ´27.

Miguel Hernández y la Generación del ’27

A los 15 años Hernández visitaba con frecuencia la biblioteca pública donde pudo acceder a la lectura de los mayores representantes del Siglo de Oro español como Garcilaso de la Vega, Lope de Vega y Luis de Góngora. Según los estudiosos de la historia de la literatura, es -a partir del homenaje que se realiza por los 300 años de la muerte de Góngora – en 1927 el año en que tuvo origen la Generación del ´27.

Ligado a los preceptos vanguardistas, este movimiento intenta romper con una postura sentimentalista. Es por ello que, a partir del hallazgo de nuevas formas en el decir literario (como la explotación de la metáfora), de la libertad creadora, del uso del arte como mecanismo de protesta y la influencia de los clásicos del Siglo de Oro, surge una corriente que rompe cánones y se muestra totalmente innovador.

Junto con Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Rafael Cernuda, Rafael Alberti y Federico García Lorca -entre otros-, Miguel Hernández es considerado uno de los exponentes más jóvenes que tuvo esta generación.

Miguel Hernández leyendo en la vía pública en 1936
Miguel Hernández en 1936

La poesía de Miguel

Uno de los tópicos que Hernández retoma del período áureo es el locus amoenus (lugar ameno donde la naturaleza es el ambiente estilizado y apacible por excelencia).

“Junto al río transparente
que el astro rubio colora
y riza el aura naciente
llora Leda la pastora.

(Fragmento de Pastoril)

Por otro lado, el uso del soneto como estructura poética y temas como el amor, la vida y la muerte también lo muestran cercano a la estética áurea. En 1936 publica su libro El rayo que no cesa, poemario de temática amorosa inspirado por su amante Maruja Mallo; probablemente, la obra más acabada del poeta. Aquí, el soneto 19:

Yo sé que ver y oír a un triste enfada,
cuando se viene y va de la alegría, 
como un mar meridiano a una bahía 
esquiva, cejijunta y desolada.

Lo que he sufrido y nada, todo es nada,
para lo que me queda todavía 
que sufrir, el rigor de esta agonía 
de andar de este cuchillo a aquella espada
.

Me callaré, me apartaré si puedo 
con mi constante pena, instante, plena, 
a donde ni has de oírme ni he de verte.

Me voy, me voy, me voy, pero me quedo,
pero me voy, desierto y sin arena: 
adiós, amor, adiós, hasta la muerte.

Ilustración de Miguel Hernández, según la mirada del artista y músico español Xulio Formoso

Miguel Hernández, según la mirada del artista y músico español Xulio Formoso

Sin lugar a dudas, el período más combativo de su carrera literaria se produjo durante la Guerra Civil donde cultivó la llamada poesía de guerra en su libro El hombre acecha.

Hoy el amor es muerte,
y el hombre acecha al hombre.

(Fragmento de Canción primera)

Mientras se hallaba en la cárcel escribió Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941) donde hizo uso de formas tradicionales de la poesía popular castellana para expresar de manera sencilla su profundo pesar por la separación de su mujer y sus hijos y la angustia que le producían los efectos devastadores de la guerra:

No es posible acariciarte
con las manos que me dio
el fuego de más deseo,
el ansia de más ardor.
Varias alas, varios vuelos
abaten en ellas hoy
hierros que cercan las venas
y las muerden con rencor.
Por amor, vida, abatido,
pájaro sin remisión.
Sólo por amor odiado,
sólo por amor.

Amor, tu bóveda arriba
y yo abajo siempre, amor,
sin otra luz que estas ansias,
sin otra iluminación.
Mírame aquí encadenado,
escupido, sin calor
a los pies de la tiniebla
más súbita, más feroz,
comiendo pan y cuchillo
como buen trabajador
y a veces cuchillo sólo,
sólo por amor.

(Fragmento del poema N°85, conocido como Antes del odio)

Miguel Hernández

Acerca de Leandro Murciego

Soy Leandro Murciego, periodista el diario La Nación en Argentina hace más de 25 años, poeta y autor del libro "Identidad", gestor cultural y creador del blog PAMA (Poesía a Mano alzada) que nuclea y cura trabajos de poetas hispanoamericanos. Creador y conductor de los ciclos radiales "Noche de Letras 2.0" y "NDL Casual". Como coach y mentor de autores, mi trabajo es ayudar a escritores y a personas interesadas, a refinar y enriquecer su estilo literario.
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