Otros cinco poemas para Cris

Cristina Peri Rossi fue un gran amor para Julio Cortázar. Él la ayudó para llegar a París mientras ella, exiliada en España, no conseguía el pasaporte ya que su Uruguay natal le había solicitado al país español que se lo negara. Julio Cortázar no solo la acogió sino también le escribió esta segunda secuencia titulada “Otros cinco poemas para Cris” que van de la mano de otros diez en su libro “Salvo el crepúsculo”.

En estos poemas ella aparece como la cara del exilio cuya pesadumbre se borra cuando caminan juntos por las calles de París. Los encuentros son efímeros, hasta parecen de diálogos telefónicos o discursos epistolares. Y, como si esto fuera poco, se suma la imposibilidad de estar juntos por un claro deseo de ella hacia las mujeres. Quiero la imposibilidad tan obvia de quererte” dice en el poema 4 de este quinteto. Hay una ausencia presente de Cris que atormenta al poeta a quien le encantaría salir de los parámetros normales que presentan los espejos sociales, sin ser juzgado, sin ser perseguido.

Ella es todo lo que representa el amor por lo que está ausente: el tango, el dulce de zapallo, las medialunas, el encuentro con un cuerpo que pertenece a otras.

Este posteo forma parte de una trilogía que consta de 15 poemas para Cristina. Para leer los otros diez textos que Cortázar le dedicó, podés entrar en “Cinco poemas para Cristina” y “Los últimos cinco poemas para Cristina”

Cristina y Julio Cortázar

1.

Todo lo que precede es como los primeros
momentos de un
encuentro después de mucho tiempo: sonrisas,
preguntas,
lentos reajustes. Es raro, me pareces menos
morena que
antes. ¿Se mejoró por fin tu tía abuela? No, no
me gusta
la cerveza. Es verdad, me había olvidado.
Y por debajo, montacargas de sombra, asciende
despacio otro
presente. En tu pelo empiezan a temblar las
abejas, tu mano
roza la mía y pone en ella un dulce algodón
de humo. Hueles
de nuevo a sur.

2.

Tienes a ratos
la cara del exilio
ése que busca voz en tus poemas.


Mi exilio es menos duro,
le sobran las defensas,
pero cuando te llevo de la mano
por una callecita de París
quisiera tanto que el paseo se acabara
en una esquina de Montevideo
o en mi calle Corrientes

sin que nadie viniera
a pedir documentos.

3.
A veces creo que podríamos
conciliar los contrarios
hallar la centritud inmóvil de la rueda
salir de lo binario
ser el vertiginoso espejo que concentra
en un vértice último
esta ceremoniosa danza que dedico
a tu presente ausencia.

Recuerdo a Saint—Exupéry: “El amor
no es mirar lo que se ama
sino mirar los dos en una misma dirección”.

Pero él no sospechó que tantas veces
los dos miramos fascinados a una misma mujer
y que la espléndida, feliz definición
se viene al suelo como un gris pelele.

4.

Creo que no te quiero,
que solamente quiero la imposibilidad
tan obvia de quererte
como la mano izquierda
enamorada de ese guante
que vive en la derecha.

5.

Ratoncito, pelusa, medialuna,
calidoscopio, barco en la botella,
musgo, campana, diáspora,
palingenesia, helecho,

eso y el dulce de zapallo,
el bandoneón de Troilo y dos o tres
zonas de piel en donde
hace nido el alción,

son las palabras que contienen
tu cruel definición inalcanzable,
son las cosas que guardan las sustancias
de que estás hecha para que alguien
beba y posea y arda convencida
de conocerte entera,
de que sólo eres Cris.

Julio Cortázar

(Otros cinco poemas para Cris)

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