Poetas que hablan de su muerte: Gelman, Plath, Carballo y Giuliani

Hablar de la muerte es una de las temáticas preferidas de los artistas, películas, obras de teatros, cuentos, novelas y poemas abordan el tema desde muchas aristas. Sin duda es uno de las grandes cuestiones de la vida. Sobre la muerte hablaron Victor Hugo, William Shakespeare, José Emilio Pacheco y Pablo Neruda, entre otros. La lista es larga y continuará creciendo.

Otra lista importante y no menos extensa es la conformada por aquellos que se animaron a escribirle a su propia muerte. Entre estos un párrafo aparte merece el querido Juan Gelman con «Epitafios».

Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.



Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.

¡Digo que el hombre debe serlo!

Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín.

Juan Gelman
(Epitafio)

Otra autora que forma parte de esta lista y que merece estar en este posteo es la poeta estadounidense Sylvia Plath (1932-1963), una de las más admiradas del siglo XX. Su texto «Últimas palabras» es una joyita que merece ser compartida.

No quiero una caja sencilla, quiero un sarcófago
de atigradas rayas y un rostro pintado, redondo
como la luna, que mire, quiero
estar mirándolo cuando lleguen, escogiendo
entre minerales mudos, raíces. Véolos
ya: los pálidos, astralmente distantes rostros.
Ahora no son nada, no son siquiera criaturas.
Imagínolos huérfanos, como los primeros dioses,
de padre y madre, se preguntarán si tuve importancia
¡Debí haber preservado mis días, como frutos, en azúcar!
Mi espejo se empaña:
unos pocos hálitos, y no reflejará ya nada.
Las flores y los rostros blanqueantes cual sábanas.

No confío en el espíritu. Huye como vapor en mis sueños,
por la boca o los ojos. No puedo impedírselo.
Un día se irá para no volver. Así no son las cosas.
Permanecen, sus luces idóneas se calientan
en mis manos frecuentes. Ronronean casi.
Cuando se enfrían las suelas de mis pies, los ojos azules,
mi turquesa, me darán solaz. Déjame
mis cacharros de cobre, déjame los cacharros de afeites,
que florezcan en torno a mí como flores nocturnas, aromáticas.
Me envolverán en vendas, almacenarán mi corazón
bajo mis pies, bien envuelto.
Conoceréme a mí misma. Seré noche
y el relucir de tantas cosas será más dulce que el rostro de Istar.

Silvia Plath
(Últimas palabras)

Sylvia Plath

Una de las poetas destacadas por el Premio Poesía Ya! 2022 fue Flavia Carballo, la poeta enterriana radicada en Salta es dueña de una poesía poderosa y cargada de brillos. Este poema es una breve y contundente muestra de ello.

Si me quiebro en mil
llorame en la cama
perfumá el cuerpo
con lavanda hervida.

Abrí la ventana
ante mi fantasma turbulento
traeme las flores
que amarillean el río.

Enterrame con monedas
sobre los ojos
estoy segura
de no querer volver al mundo

Elevame
rápido
a la sombra del sauce
dejame quieta
perdida
escrita
sobre su tronco.

Flavia Carballo

(Testamento)

Flavia Carballo

Alicia Giuliani es una poeta que se está construyendo poema a poema. Desde que comenzó a trabajar sus letras en los procesos de mentoreos literarios sus versos se fueron afilando hasta convertirse en dagas. Encontró en su nuevo decir un arma poderosa que, sin dudas, excede las letras.

Viento,
recuerda tu golpeteo.

Lluvia,
despeja la oscuridad.

Sol, 
despiértame.


Aves, piedras, insectos
invadan la tierra que cubre mis huesos.

Alicia Giuliani
(Primera voluntad)

Alicia Giuliani
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Acerca de Leandro Murciego

Soy Leandro Murciego, periodista el diario La Nación en Argentina hace más de 25 años, poeta y autor del libro "Identidad", gestor cultural y creador del blog PAMA (Poesía a Mano alzada) que nuclea y cura trabajos de poetas hispanoamericanos. Creador y conductor de los ciclos radiales "Noche de Letras 2.0" y "NDL Casual". Además, soy coach ontológico y trabajo profesionalmente como coach y mentor de artistas, mi trabajo es ayudar -en especial- a escritores, cantautores y a personas interesadas, a refinar y enriquecer su estilo literario.
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