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Recomendación: Electrónica (Enzo Maqueira)

On 3 abril, 2015 by lmurciego

Electrónica Recomendación

 

Recomendación de Poesía a Mano Alzada Electrónica (Enzo Maqueira), un poco de aire fresco en la literatura argentina.

Esta novela que viene a mostrar la otra cara de la juventud que creció durante los años 90 en la República Argentina es una producción literaria que no sólo se convierte en un reflejo, hasta el momento no revelado, de esa época sino que también muestra  la maduración de Enzo Maqueira como escritor, un artista que se animó a ir al hueso no sólo de un sector de al sociedad argentino sino que se animó a buscar en los laberitos propios y de su generación para dar forma a los distintos personajes que dan forma a este excelente libro, uno de los más mimados por la crítica de 2014.

Tras el éxito de venta llegó a las librerías la segunda edición de Electrónica.

Algunas críticas de los medios sobre la novela:

Suplemento NO de Página/12: “Novela de época sobre un piadoso manto de punchi punchi”. Para leer clic aquí
Danzería: Un libro sorprendete, según los críticos uno de los autores más lúcidos de su tiempo. Para leer clic aquí
Artezeta: Electrónica, entre los mejores libros del año que acaba de terminar. Para leer clic aquí
Infobae.com: Diez autores clave del 2014 recomiendan diez libros en INFOBAE. Para Enzo Maqueira, los destacados fueron… Para leer clic aquí

Para ver más de la novela hacer clic aquí en su perfil de Facebook

Un reportaje de Infobae a Enzo Maqueira sobre “Electrónica” Para verlo hacer clic acá 

 

Enzo Maqueira Electrónica

Enzo Maqueira, autor de Electrónica, una novela ácida, que refleja la otra cara de los años 90 en la Argentina…

 

 

 

 

Aquí un fragmento del capítulo inicial de la novela (para leerlo completo hacer clic aquí):

Electrónica, “Warm up” (Capítulo I)

Te encontraste con el examen de Rabec y sentiste las mariposas en la panza. Hacía una hora que estabas con la pila de parciales en la mesa de luz, esperando que Gonzalo se quedara dormido para empezar a corregir. Antes habían mirado el capítulo de Los Simpson de la Venus de jalea. Gonzalo anticipaba los chistes, como hacía siempre, y vos te imaginabas que le ponías una mordaza de alambre de púas para callarlo, hasta que por fin se acurrucó en su lado de la cama y se quedó dormido. Recién en ese momento bajaste el volumen del televisor, prendiste el velador y te pusiste los lentes. Te costó concentrarte, pero al tercer examen ya corregías en piloto automático: ponías una tilde con birome roja en las respuestas correctas, hacías una cruz si había un error, tachabas la hoja cuando alguno había guitarreado. Cómo te molestaba esa palabra, “guitarrear”, ese vocabulario de profesora que se te había pegado sin darte cuenta. Sabías que el examen de Rabec estaba entre los otros, con la letra redondeada y la firma chiquita, de tener la autoestima baja, al final de la última pregunta. Querías creer que el examen tenía algún mensaje escondido, pero no ibas a anticiparte, ibas a esperar que llegara su turno. Que un mensaje escondido en el examen parcial de Rabec apareciera cuando fuera su momento, porque aunque pocas veces te hacías caso, sabías que el tiempo era tu mejor consejero.
Rabec te había gustado desde el primer día: tenía el flequillo sobre la frente, los brazos llenos de venas. Ni bien entró al aula te hizo esa sonrisa con cara de dormido. Siempre te había parecido una frase de boluda, mariposas en la panza, pero con él no había otro modo de explicarlo. Sentías lo mismo ahora, en la cama, el Televisor en mute, tu novio durmiendo profundo pero demasiado cerca como para que corrigieras tranquila. Rabec había contestado bien casi todas las preguntas. Había escrito poesía, novela, cuento y había subrayado cada una de esas palabras, las mismas que habías resaltado en clase para explicar por qué la ficción siempre es mejor que el periodismo -aunque vos enseñabas periodismo-, y por qué, al mismo tiempo (con esto te habías ido por las ramas), la realidad es siempre una ficción. Rabec las había usado igual, como si vinieran de tu boca. No había ningún mensaje escondido, pero que repitiera exactamente tus mismas palabras quería decir mucho más que si te hubiera dibujado un corazón…

(Fragmento del Capítulo 1 de Electrónica, de Enzo Maqueira)

 

 

Para leer TEXTOS del autor de este blog (Leandro Murciego)  Hacer clic aquí

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